cuál es la práctica que puede ayudar a mejorar la calidad de vida

Se estima que 1,4 millones de hombres fueron diagnosticados con cáncer de próstata durante 2020, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). En Argentina, es el tumor más frecuente en hombres: produce más de 11 mil casos nuevos al año y entre ellos representa casi el 20% de la incidencia de todos los tipos de cáncer.

Pese a que cada persona lo vive de manera diferente, el diagnóstico es siempre movilizante, por eso el foco está puesto cada vez más en brindar una atención integral que contemple no solo el aspecto clínico de la enfermedad, sino el bienestar emocional de los pacientes.

Es que según indican diversos estudios, uno de cada tres hombres diagnosticados con cáncer de próstata sufren depresión y ansiedad (y un riesgo aumentado de suicidio), además de cuatro veces más probabilidades de sufrir un ataque cardíaco.

En la búsqueda de estrategias que puedan favorecer una mejor calidad de vida tras el diagnóstico, investigadores del área de urología del MD Anderson Cancer Center de UT Health San Antonio (en Texas, Estados Unidos) pusieron a prueba a una intervención simple, accesible y muy conocida: el yoga. También evaluaron si mejoraba la respuesta inmune, fundamental en los pacientes oncológicos.

El yoga mostró aumentar el bienestar en un estudio pequeño. Foto Shutterstock.

El yoga mostró aumentar el bienestar en un estudio pequeño. Foto Shutterstock.

Yoga y cáncer de próstata

El yoga, una práctica milenaria que combina un conjunto de posturas corporales específicas con técnicas de respiración y atención plena, puede ser una respuesta fácil de implementar ante el estrés que implica enfrentarse al diagnóstico, según los resultados del estudio publicado en la revista Prostate Cancer and Prostatic Diseases.

Del ensayo clínico piloto aleatorizado participaron 29 hombres que esperaban una prostatectomía (una cirugía para extirpar próstata): 14 fueron asignados al azar para participar en un grupo de yoga, mientras que los otros 15 recibieron atención estándar, sin ninguna intervención extra.

La mediana de edad de los participantes fue de 56 años en el grupo de yoga y 60 años en el grupo de atención estándar.

«Le dimos al grupo de intervención activa seis semanas de yoga, al menos dos veces por semana, durante 60 a 75 minutos», contó el autor principal del estudio Dharam Kaushik.

A través de cuestionarios, el equipo documentó la calidad de vida autopercibida por los hombres cuando empezaron a practicar yoga, en el momento de la cirugía y después de la operación. Los participantes del otro grupo (los que no hicieron yoga) completaron los mismos cuestionarios en la inscripción al estudio y en las otras dos instancias.

Los investigadores tomaron muestras de sangre antes de que los integrantes del grupo de intervención comenzaran sus prácticas y después de que completaran todas las sesiones. También se les realizaron análisis a los hombres asignados al otro grupo.

El yoga, una intervención pequeña, económica y fácil de implementar.  Foto Shutterstock.

El yoga, una intervención pequeña, económica y fácil de implementar. Foto Shutterstock.

Mejor calidad de vida

«Lo que encontramos fue muy interesante. El yoga mejoró la calidad de vida en los hombres en comparación con atención estándar, específicamente en la escala de fatiga, lo que significa que estaban menos cansados; sobre la función sexual; y sobre su bienestar funcional, físico y social», precisó Kaushik.

Y agregó que se observó una «respuesta inmune más robusta y niveles más bajos de inflamación».

El médico destacó que se trata de «datos positivos», pero subrayó que se necesitan más estudios a gran escala que puedan replicar estos resultados, «para los cuales este estudio piloto puede ser un modelo».

Existen múltiples evidencias del impacto del yoga en el bienestar general. Foto Shutterstock.

Existen múltiples evidencias del impacto del yoga en el bienestar general. Foto Shutterstock.

Pequeña, económica y fácil

El principal objetivo del estudio (es decir, el resultado primario) era tratar de establecer si el yoga tenía influencia en la calidad de vida autoinformada evaluada por los cuestionarios. Y los resultados hallados fueron positivos.

Pero también se plantearon resultados secundarios vinculados a los cambios en el estado de las células inmunitarias y los marcadores inflamatorios a partir de la práctica de yoga.

¿Qué observaron? El grupo de yoga mostró un mayor número de células T CD4 + y CD8 + circulantes, que son importantes contribuyentes a la salud inmunológica. Entre otros marcadores, también mostraron una reducción en los marcadores inflamatorios llamados citocinas.

Previamente, el yoga se había estudiado como intervención en mujeres con cáncer de mama, pero no con el nivel de detalle de este trabajo, comentó Kaushik.

Y concluyó: «Si podemos alentar a los pacientes a que realicen una intervención pequeña, económica y fácil de implementar que pueda tener un gran impacto, ¿por qué no?»


Source link

Sobre admin

Compruebe tambien

qué alimentos incluye y cuánto comer al día

El colesterol elevado -que en Argentina presentan casi uno de cada tres adultos– es uno …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: