Vinculan una dieta rica en antioxidantes a un menor riesgo de demencia: dónde encontrarlos

Las personas con niveles más altos de antioxidantes en la sangre pueden tener menos probabilidades de desarrollar demencia, según un estudio publicado en Neurology, la revista de la Academia Estadounidense de Neurología (AAN, por sus siglas en inglés) .

El estudio encontró que las personas con los niveles más altos de los antioxidantes luteína, zeaxantina y beta-criptoxantina en la sangre tenían menos probabilidades de desarrollar demencia décadas más tarde que las personas con valores más bajos.

Dónde encontrarlos

La luteína y la zeaxantina se encuentran en las verduras de hojas verdes como el kale, la espinaca, el brócoli y las arvejas. La beta-criptoxantina se encuentra en frutas como naranjas, papaya, mandarinas y caquis.

«Extender el funcionamiento cognitivo de las personas es un importante desafío de salud pública», dijo la autora del estudio May A. Beydoun, del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, en Baltimore, Maryland.

«Los antioxidantes pueden ayudar a proteger el cerebro del estrés oxidativo, que puede causar daño celular», añadió. No obstante, señaló que «se necesitan más estudios para probar si la adición de estos antioxidantes puede ayudar a proteger el cerebro de la demencia».

Los vegetales de hoja verde, ricos en luteína y zeaxantina. Foto Shutterstock.

Los vegetales de hoja verde, ricos en luteína y zeaxantina. Foto Shutterstock.

El estudio

La investigación involucró a 7283 personas que tenían al menos 45 años al comienzo del estudio, momento en el que se les hizo un examen físico, una entrevista y análisis de sangre para medir los niveles de antioxidantes. Luego fueron seguidos durante un promedio de 16 años para ver quién desarrolló demencia.

Los participantes se dividieron en tres grupos según sus niveles de antioxidantes en la sangre.

Los investigadores observaron que los que tenían cantidades más altas de luteína y zeaxantina tenían menos probabilidades de desarrollar demencia que aquellas con niveles más bajos. Cada aumento de desviación estándar en los niveles de esos antioxidantes (aproximadamente 15,4 micromoles/litro), se asoció con una disminución del 7% en el riesgo de demencia.

En tanto, para la beta-criptoxantina, cada aumento de la desviación estándar en los niveles (alrededor de 8,6 micromoles/litro), se asoció con una reducción del 14% en el riesgo.

«Es importante tener en cuenta que el efecto de estos antioxidantes sobre el riesgo de demencia se redujo un poco cuando tomamos en cuenta otros factores como la educación, los ingresos y la actividad física, por lo que es posible que esos factores ayuden a explicar la relación entre los niveles de antioxidantes y demencia», planteó Beydoun.

Los autores apuntaron también que una limitación del estudio es que los niveles de antioxidantes se basaron en una medición de los niveles en sangre y es posible que no reflejen los niveles de las personas a lo largo de su vida.

Pese a los resultados alentadores, concluyeron que se necesitan más estudios y «ensayos aleatorios para probar los efectos neuroprotectores de complementar la dieta con carotenoides seleccionados».

La beta-criptoxantina se encuentra en frutas como naranjas, papaya, mandarinas y caquis. Foto Archivo.

La beta-criptoxantina se encuentra en frutas como naranjas, papaya, mandarinas y caquis. Foto Archivo.

Dieta y cerebro

La evidencia a favor de los beneficios cognitivos de la ingesta de antioxidantes es vasta. En ese marco se inscribe un amplio análisis de dos grandes estudios que involucraron a más de 100 mil participantes publicado también en la revista Neurology el año pasado, que concluyó que los flavonoides, un tipo de antioxidantes que les da a los vegetales sus colores, pueden ser protectores contra la demencia.

Deborah Blacker, profesora de epidemiología de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, y autora principal de ese trabajo, dijo en una nota con el The New York Times que los hallazgos indican que comenzar a temprana edad con una dieta rica en flavonoides (entre los que se cuentan el betacaroteno de las zanahorias, la flavona de las frutillas, la antocianina de las manzanas y otros tipos de muchas otras frutas y verduras) puede ser beneficioso para la salud del cerebro.

Si bien la mayoría de las investigaciones que se llevan a cabo en esta área de estudio son observacionales (por lo que no pueden probar causa-efecto), hay cada vez mayores pruebas sobre que dietas que enfatizan el consumo de frutas y verduras, legumbres, frutos secos, pescado, cereales integrales y aceite de oliva, como la mediterránea o la MIND pueden ofrecer cierta protección contra el deterioro cognitivo.


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