¿cómo te sentís con los años que tenés?

Nací el 17 de agosto de 1965 al mediodía, según me cuenta mi madre. Tengo una remera con una frase estampada: “Lleva mucho tiempo llegar a ser joven”, del gran Pablo Picasso.

Tengo 56 años, pero no me siento con esa edad. Me siento de 30, o me siento más vital que a mis 40 ¿Pero por qué hay que ponerle números al sentir?

Según lo que dicen por ahí estaría a pocos años de entrar a la tercera edad. Pero me siento muy bien, joven y así podría seguir un rato largo. ¿Tengo un problema? No lo sé, pensemos juntos.

Tiempo real y tiempo psicológico

El tiempo pasa, cada segundo que se va no vuelve más. En estos momentos, mientras estoy en mi computadora escribiendo esta nota el reloj sigue corriendo.

Sofía Contreras, a quien conocí en redes sociales y trabaja entre tantas otras cosas sobre la administración saludable del tiempo cuenta en un video que subió a su cuenta de Instagram que ella sabe o tiene idea de cuánto tiempo le queda por vivir.

Estimando, en un pensamiento práctico, que puede vivir 90 años, hizo un cuadro en donde cada barrita es un mes. Va tachando cada mes que pasa y puede visualizar el tiempo que potencialmente le queda.

Por supuesto, puede vivir más que 90 años, o quizás menos, pero esa configuración es una referencia válida.

Allí puede ver en un gráfico los meses que quedarían, para acordarse de que el tiempo es finito y hay que saber usarlo.

Es muy impresionante ver esa imagen, el tiempo pasa inexorablemente, pero aquí el punto: el tiempo real, como convención, es una variable; el tiempo psicológico va por carriles diferentes.

Un minuto esperando el colectivo un día de lluvia a la intemperie es un montón de tiempo en intensidad de lo vivido. Una hora con amigos pasando un rato agradable no es nada y pasa volando.

Un minuto, una hora, un año… ¿Cómo nos sentimos en la perspectiva de lo vivido y lo por vivir? ¿Qué esquema manejamos de nuestra propia percepción de la edad? ¿Qué ves cuando me ves? Pero aquí sobre todo, ¿qué veo cuando me veo?

Y planteo dos direcciones distintas, y este es el eje de esta nota.

Si me percibo de 40 años teniendo 56 y eso es un trampolín vital que me impulsa a nuevos proyectos, me obliga a cuidarme, me mantiene vivo, entusiasta y apasionado, entonces bienvenida esta disonancia entre el tiempo realmente vivido y mi sensación del mismo.

Elisa Forti tiene 87 años y es corredora. «Corro para darles orgullo a mis nietos», dijo alguna vez. Cruzó los Andes varias veces.

¿Tiene un problema Elisa o es un ejemplo de actitud frente a la vida? ¡Claro que lo segundo!

Si en cambio peleo angustiosamente contra el paso del tiempo, sintiendo la amenaza de la muerte y negando su existencia, en una lucha contra los años que transcurren; si me someto a cirugías y compito con la juventud que ya no tengo con prendas que no me representan ni me dan identidad, entonces ahí claramente hay un problema por resolver.

Entonces podemos hablar de disforia de edad y habrá que hacer algo con ello.

En el primer caso se trata de llevar nuestro erotismo en sentido amplio de la palabra al plano de los proyectos personales, la pasión y el disfrute, en no dejar de soñar.

Bienvenido el impulso vital y el vernos cada día más jóvenes a pesar del pelo que se va y las marcas en la piel que aparecen. “Las arrugas son la prueba de que he vivido”, dijo alguna vez la gran China Zorrilla.

Los proyectos ayudan a conectarse con la vida. Foto Shutterstock.

Los proyectos ayudan a conectarse con la vida. Foto Shutterstock.

El peso de los mandatos

Pregunté en mis redes sociales cómo se sienten en relación a su edad, tuve una increíble cantidad de respuestas. Pesa (y mucho) lo que tiene que ver con los mandatos de lo que “tendríamos” que tener resuelto en determinado momento de nuestras vidas.

Comparto algunos de los mensajes que me llegaron:

✓“Excelente. Los 40 son los nuevos 30, me siento muy vital y con energía”

✓“Espléndida desde adentro hacia afuera. Nací hace 60 años”

✓“Con 18, plena de vida, pero con mucho miedo a crecer”

✓“28 años, terminando la carrera, me avergüenza decir mi edad”

✓“Amo tener 27, pero me siento vieja al lado de otras y me vivo comparando”

✓“Tengo 58 y me peleo con el espejo y mis arrugas todos los días, sufro mucho el paso del tiempo”

✓“Tengo 49 y me siento más joven porque pude reencontrarme”

✓“Tengo 50 y en mi mesa de luz las fotos de cuando era joven”

Siguen los comentarios y creo que fue uno de los posteos con más respuestas, lo que me da la pauta que el tema nos convoca y mucho.

Pienso también y no es un dato menor que las redes sociales y su canto a la eterna juventud poco ayudan en este terreno.

Hubo una cantidad enorme de comentarios que hacían referencia a “me siento bien, pero cuando tomo conciencia de mi edad me amargo”.

Y la pregunta es: ¿No será la conciencia de lo vivido lo que nos puede dar la dimensión de nuestras fuerzas? ¿Por qué no podremos tener algo de la veneración de otras culturas a la sabiduría de la vejez? Luchar contra molinos de viento nos hace tanto daño.

¿De que lado de la percepción del paso del tiempo estás?

Quiero hacer un rápido cuestionario para que puedas ubicarte en qué lado estás, si del lado del problema o el de la solución.

¿Te pasan una o más de estas cosas?

✓¿Experimentás más ganas de vivir experiencias que te enriquezcan que años atrás?

✓¿Sentís que tenés la experiencia para poder disfrutar lo cotidiano de la vida y saborear, agradecer y vivir con plenitud “aquellas pequeñas cosas”?

✓ ¿Tenés la percepción de contar con los recursos para hacerlo?

✓¿Vivenciás tener la energía que se desprende de la calma de tener ya algunas cosas encaminadas en tu vida?

Si dos o más afirmaciones de estas están presentes en tu vida, entonces no cambies las cosas, disfrutá, viví, bienvenida la experiencia y la vida está servida.

Accionar en el día a día con una vida saludable en alimentación y ejercicio, propone Schujman. Foto Shutterstock.

Accionar en el día a día con una vida saludable en alimentación y ejercicio, propone Schujman. Foto Shutterstock.

Vamos ahora a la otra perspectiva. Tomá lápiz y papel.

¿Sentís que?:

✓¿Lo que el espejo te devuelve no concuerda con tu edad?

✓Que tenés que hacer cambios en tu aspecto físico permanentemente (cirugías incluidas) para disimular el paso del tiempo.

✓Tenés la percepción de que la gente de tu edad parece “mucho más joven” que vos?

Y, por último, si la respuesta es afirmativa en las preguntas anteriores que sensaciones/emociones te genera eso que sucede:

✓¿Podes reírte, hacer bromas de lo que sentís/pensás?

✓¿Te genera enojo?

✓¿Te angustia?

Si experimentás algo de estas últimas preguntas y las emociones se alejan de la aceptación y el humor (que es una manera saludable de aceptar que a menudo las cosas no son como queremos) y se acercan a la angustia y el malestar, entonces lo que sigue en esta nota te va a ser de especial interés.

Pelearse contra la realidad -digo yo con humildad- no es una buena manera de gestionar la vida.

Es posible que estés teniendo serias dificultades para aceptar que la muerte existe y que el tiempo no vuelve atrás.

Un holandés de 69 años pidió a la justicia que cambien la edad en su documento porque eso lo limitaba en las aplicaciones de citas, entre otras cosas.

No podemos detener los relojes, pero si podemos:

Capitalizar la experiencia vivida a favor de nuestro disfrute y sueños.

Aprender de los errores y sumar conocimiento a nuestra vida.

Accionar en el día a día con una vida saludable en alimentación y ejercicio para que el tiempo haga lo suyo de la manera más amorosa y benévola posible.

Saborear cada instante justamente porque la muerte existe.

El tiempo pasa, eso no podés cambiarlo, pero podés hacer tu parte y gestionar lo que de vos depende para que te encuentre disfrutando y saboreando el viaje del vivir.

Por supuesto que la ayuda profesional es una opción valida y necesaria si esto angustia y ocupa un espacio importante en tu vida.

Pero sobre todo, la importancia de tirar muy lejos los mandatos que tanto nos condicionan.

Sos tan joven como te ves, tan joven como te sentís, no importa tanto si tenés 20 o 40.

Créeme, te lo dice uno de 56 que se siente cada día mejor, aunque las rodillas y la espalda duelan un poco, pero el alma esta mucho mas sabia. Porque la muerte existe, porque no somos inmortales, entonces vivamos.

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​ Dirige, coordina y supervisa la @redasistencialpsi.




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