Jakub Józef Orliski conmovió al Teatro Colón con música muy poco conocida

El polaco Jakub Józef Orliński, sobresaliente incluso dentro del universo de los contratenores estrella, desembarcó en el Teatro Colón en medio de una gran expectativa. Nacido en Varsovia hace 31 años, formado en su patria y en Estados Unidos, Orliński es una figura polifacética, muy activa en las redes y con un perfil atípico; por ejemplo, es un notable bailarín de breakdance.

El repertorio elegido para este debut en Buenos Aires, en el marco de su primera gira sudamericana y del abono Grandes Intérpretes, replicó el disco Facce d’amore que grabara junto a Il Pomo d’Oro, justamente el ensamble que lo acompaña en esta tournée.

En su concepto, el disco/programa busca mostrar diferentes facetas y expresiones del amor a través de cerca de una decena de arias de óperas del barroco medio y el tardío escritas para castrati, entre ellos Farinelli, Bernacchi y Senesino.

Aunque uno de los desafíos de este mosaico es el contraste entre un fragmento y otro, el formato no siempre resulta ameno para la audiencia. En este caso se advirtió cierto estatismo, en especial porque la gestualidad de Orliński se mantuvo bastante invariable y lejos de lo teatral, como si se tratara de canciones escritas de manera independiente.

Hostriónico. Jakub Józef Orlinski, junto al Ensamble Il Pomo d’Oro. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

Hostriónico. Jakub Józef Orlinski, junto al Ensamble Il Pomo d’Oro. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

Un viaje musical

El viaje comenzó en Venecia, con obras de Francesco Cavalli (Erme e solinghe… Lucidissima face de La Calisto) y Giovanni Antonio Boretti (Chi scherza con amor de Eliogabalo y Crudo amor, non hai pietà, de Claudio Cesare) para pasar al estilo contrastante de Giovanni Battista Bononcini, con un aria de La Costanza non gradita (Infelice mia costanza) que arrancó la primera ovación.

En este recorrido por músicas bellísimas y en su mayoría desconocidas (muchas de ellas fueron rescatadas para la producción discográfica ya mencionada), Orliński desplegó por primera vez su espléndida coloratura en Odio, vendetta, amor del Don Chisciotte de Francesco Conti.

Luego cerró magníficamente la primera parte con Dovrian quest’ occhi piangere de Scipione il giovane de Luca Antonio Predieri, ópera de la que se escuchó otro hermoso fragmento en la segunda parte (Finché salvo è l’amor suo).

Jakub Józef Orlinski eligió un repertorio de arias muy poco conocidas. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

Jakub Józef Orlinski eligió un repertorio de arias muy poco conocidas. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

Las condiciones de un gran artista

Si algo demostró Orliński desde su primera intervención fue que es principalmente un enorme músico y artista. Se conjugan en él afinación perfecta, flexibilidad rítmica sorprendente, expresividad natural y conocimiento detallado de los estilos.

La variedad de sus recursos musicales le permite conquistar con una voz que, aunque no falta de potencia, no llega a convencer en su proyección ni en su timbre algo velado y opaco. Pese a todo, y tal como se señaló, el conjunto de sus virtudes logra convencer incluso por encima de estos reparos, y su carisma está fuera de cualquier duda.

En la segunda parte, centrada en el siglo XVIII, el cantante brilló en dos arias provenientes de dos ejemplos del pasticcio: Spera che tra le care gioie de Muzio Scevola (Händel) y Sempre a si vaghi rai, escrita por Johann Adolf Hasse para Orfeo.

El cierre, con la bellisima Che m’ami ti prega del Nerone de Orlandini, terminó con un despliegue de vocalidad ya cercano a lo circense que hizo estallar en ovaciones al público.

Jakub Józef Orlinski desplegó una vocalidad cercana a lo circense. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

Jakub Józef Orlinski desplegó una vocalidad cercana a lo circense. Foto Arnaldo Colombaroli/Teatro Colón

La importancia de un buen ensamble

Difícilmente el triunfo de Orliński hubiera sido el mismo de no haber contado con el sustento de Il Pomo d’Oro y de su fenomenal director Maxim Emelyanychev, a los que Buenos Aires recordaba por su participación en el espectáculo de Joyce DiDonato en el 2019.

Reducido a una mínima expresión numérica (un muy joven quinteto de cuerdas integrado por Zefira Valova, la argentina Lucia Giraudo, Giulio D’Alessio, Ludovico Minasi e Ismael Camanero Nieto, clave a cargo de Emelyanychev y la también argentina Dolores Costoyas en tiorba), el ensamble fue una maquinaria perfecta y por momentos una verdadera aplanadora, gracias a la excelencia de sus integrantes y a la energía inagotable del director.

Y se lució especialmente en la sinfonía de La Nemica d’Amore fatta amante de Bononcini y el Ballo dei Bagatellieri de Nicola Matteis para Don Chisciotte in Siera Morena.

Después de semejante menú, los artistas eligieron seguir revelando joyas exquisitas: Alla gente a Dio diletta, de Francesco Nicola Fago, y Agitato da fiere tempeste de Riccardo Primo de Händel.

Solo ante el clamor de la sala. Orliński ofreció algo conocido: Vedrò con mio diletto (Il Giustino de Vivaldi), el aria que le dio fama mundial, ya que su versión en vivo se acerca a los 10 millones de visualizaciones en YouTube.

Así concluyó un concierto atípico, en el que un joven y excepcional cantante y siete fabulosos instrumentistas lograron enloquecer al Colón al ritmo de músicas dormidas durante mucho tiempo, pero que sonaron más vivas que nunca.

Ficha

Ciclo Grandes intérpretes

Calificación: Muy buena

Intérpretes: Jakub Józef Orliński (contratenor), Ensamble Il Pomo d’Oro, Maxim Emelyanychev (clave y dirección) Teatro: Colón, lunes 8 de agosto

WD

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