El Colón volvió a vivir una fiesta con Martha Argerich como protagonista

El primer concierto del Festival Argerich, evocando los antológicos conciertos de antaño en el Teatro Colón, abrió con la pianista Martha Argerich y el director Charles Dutoit, una sociedad artística con una química inigualable, que lleva más de sesenta años de amistad arriba y abajo del escenario.

Pasaron casi dos décadas de la última vez que el director suizo dirigió en el Colón y, en esta oportunidad, lo hizo al frente de la Orquesta Filarmónica. Verlos a los dos juntos sobre el escenario es de lo más entrañable y conmovedor.

Martha Argerich y el director Charles Dutoit. Foto: Fernando de la Orden

Martha Argerich y el director Charles Dutoit. Foto: Fernando de la Orden

Hubo varias ovaciones y profunda emoción. Uno de esos momentos se vivió cuando el nieto de la gran pianista, David Chen, hijo de Lyda, vestido con la camiseta de Argentina (es fanático del fútbol en general y de Lionel Messi en particular) subió al escenario para un bis. A cuatro manos, tocaron un número de Mi Madre, la oca de Ravel.

Los conciertos de Argerich están teñidos siempre de una atmósfera mágica. Como un demiurgo, mientras muchas cosas agonizan, su presencia logra revitalizar uno de los pocos rituales modernos que sobreviven en la actualidad. Bajo el dominio de la pianista, la música logra transformar la realidad en raptos de felicidad.

El programa abrió con el Concierto en Sol de Ravel. El impulso rítmico electrizante de Argerich sigue intacto a sus 81 años, tal como se escuchó en los vitales movimientos extremos del concierto. Igualmente intacto permanece su magnetismo hipnótico en el tempo lento del segundo movimiento.

Los planos sonoros variados y expresivos que logra Argerich en esa particular dualidad entre la libertad de la mano derecha y la regularidad rítmica del acompañamiento en la mano izquierda son únicos; el diálogo entre el corno inglés y los arabescos del piano es uno de los grandes momentos de la invención musical.

Argerich se divierte en la extrema brillantez y colorido del movimiento final, toca los pujantes elementos rítmicos con frescura y con una espontaneidad que parece estar elaborando las cosas o descubriéndolas en el mismo momento en que está tocándolas.

La complicidad entre Dutoit -ex marido de la pianista- y la gran intérprete se proyecta en un diálogo virtuoso entre el piano y la orquesta. La orquesta respondió con ductilidad, con las texturas coloridas y sutiles que pide Ravel, pero también más brillantes y rutilantes.

En la segunda parte del programa, Dutoit logró la transfiguración de la Orquesta Filarmónica con una interpretación inolvidable de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

El Teatro Colón anunció, además, que los menores de 35 años podrán comprar entradas para el Festival Argerich al precio de 200 pesos, para las funciones de este domingo, a las 20.30, y de miércoles y jueves, a las 20.

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